Depresión y ansiedad del desempleado

En nuestra sociedad actual, el puesto laboral siempre ha tenido una importancia y transcendencia para la persona muy importante. Lo hemos asociado a estatus y clase social, prestigio, como una forma de categorizar a la persona en función del puesto que ocupe ¿Eres barrendero? Pues entonces es que eres “poquita cosa” y no podías aspirar a mucho más ¿Eres ingeniero? Pues eso es porque eres un tipo listo con capacidades sobrehumanas y por encima del común de los mortales… parece una exageración, pero todos sabemos que, de hecho, se piensa así a nivel general. La estupidez y estrechez de miras de estos prejuicios saltan a la vista con solo mirarlos sobre el papel…

Pero además de esta mentalidad y prejuicios sobre la dignidad de cada trabajo, de qué valoramos y qué no, de lo subjetivo… está lo objetivo y material de los salarios que van ligados a cada puesto de trabajo (aunque ya empezamos a ver que esto empieza a ajustarse a la baja, para todos), que imponen una serie de limitaciones al consumo y capacidad de las personas para acceder a una serie de servicios (poder permitirme un seguro médico privado me da acceso inmediato a la sanidad; si estoy en la Seguridad Social… puede que tenga que esperar meses para que me vea un especialista. Las consecuencias que se derivan de ello son, por desgracia, obvias).

Así que es normal que, en estas condiciones, perder el puesto de trabajo suponga en nuestra sociedad un pequeño cataclismo personal para quien lo sufre. Aparte de nuestra merma en poder adquisitivo y la capacidad de hacer frente a los costes propios de vivir en este mundo (impuestos, gastos cotidianos…), nuestra dignidad e imagen ante los demás (familiares, amigos…) y nosotros mismos (autoestima, proyecto de vida personal…) pueden salir muy afectados. Podemos llegar a vernos como receptores de una bienintencionada, pero dolorosa compasión hacia nosotros y nuestra circunstancia, cuando no por el desprecio o la burla por parte de otros, en ciertos casos; aunque lo peor será siempre el autodesprecio que llega de nosotros mismos, y otras formas desadaptativas de encarar la situación de desempleo.

La ansiedad y la depresión suelen ser los trastornos mentales más frecuentes entre los desempleados. Lo analizaremos con más profundidad en el siguiente artículo, que te invito a leer.

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